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El Viernes Santo en Cayey también se pagan promesas a Nuestra Señora de Lourdes.

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Image Credits: Suministrada

CAYEY –  Desde poco antes del amanecer, en silencio y oración, los cayeyanos atesoran una tradición del Viernes Santo relacionada a la devoción a Nuestra Señora de Lourdes, cuya gruta ubica en la carretera PR #15 de Jájome Alto, conocida como la antigua vía de Cayey a Guayama. Desde la 1:00 de la madrugada, los peregrinos van avanzando, solos o en grupos, calzados y descalzos, hasta llegar a la zona, que durante el resto del año se mantiene limpia y ordenada por los vecinos.

Muchos llegan caminando desde lejos para pagar una promesa, otros para acompañar a los penitentes y también llegan los que buscan disfrutar de las brumas mañaneras en esta zona de la montaña boricua. Algunos caminan hasta siete u ocho horas desde los barrios de Guayama, pero nunca en soledad, porque a las orillas de la carretera siempre hay vecinos que ofrecen agua, frutas o alguna merienda. Y se hace voluntariamente, siguiendo quizá el consejo bíblico de ofrecer ayuda al necesitado.

“Esta es una de las tradiciones de Cayey que se originaron hace muchos años. Cada Viernes Santo en la madrugada, las personas salen de sus casas en silencio, buscan a sus amigos y vecinos para llegar hasta la Gruta. Durante generaciones ha sido así y contrario a lo que ocurre en otros lugares, esta devoción está viva y muy vigente”, explica el alcalde Rolando Ortiz Velázquez.

La devoción católica de Nuestra Señora de Lourdes se originó luego de las dieciocho apariciones de la Virgen María que Bernadette Soubirous afirmó haber presenciado en la gruta de Massabielle, a orillas del río Gave de Pau, en las afueras de la población de Lourdes, Francia, cerca de los Pirineos, en 1858. Luego de una intensa investigación eclesial, el Papa IX autorizó la devoción en el año 1862.

La fundación oficial de Cayey está señalada en el 17 de agosto de 1773 bajo al advocación parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, aunque hay documentación donde se menciona dicho poblado en 1519, de manera que las tradiciones religiosas cayeyanas superan los 400 años.

La Iglesia Católica siempre consideró a la Virgen María como una figura cercana a todo sufrimiento humano, desde aquel momento descrito por el Evangelio de Juan en el capítulo 19, versículos 25 al 27: «Junto a la cruz de Jesús, estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa»

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