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Impresionante el espectáculo de magia realizado en el Coca-Cola Music Hall

Este pasado domingo, el Coca-Cola Music Hall se inundó de magia con el espectáculo Reynold Alexander Presents Got Talent Magicians, ante una audiencia que llenó a capacidad el lugar y que no salía de su asombro. Los impresionantes actos del ilusionista puertorriqueño Reynold Alexander y sus invitados internacionales deslumbraron al público que no paraba de aplaudir y gritar.

Reynold Alexander dio la bienvenida a los presentes y, por ser el anfitrión de la noche, sirvió de hilo conductor para la presentación de cada invitado. Reynold abrió con un el acto de la Caja Blanca, una caja rectangular de tela. La enseñó por dentro y por todos sus lados para que vieran que estaba vacía. La hizo levitar en varias ocasiones, pasando una vara por arriba y por abajo para que los asistentes vieran que no había ningún cordel. Y al final, sacó a su asistente de adentro de la caja, provocando furor y gritos en el público.

El boricua presentó al legendario Kevin James (Estados Unidos), quien hizo un alto en su gira internacional para presentarse en Puerto Rico. James saludó y bajó hacia el público para seleccionar una niña de siete años. Frente a ella, tomó un papel que la niña examinó por ambos lados. Estrujó el papel y lo hizo levitar. Luego formó una rosa con él, y con un encendedor la prendió en fuego convirtiéndola en una rosa de verdad que regaló a la niña.

Más tarde, regresó al escenario para realizar su acto cumbre: picar a un hombre vestido de cirujano por la mitad. Vestido de doctor y con la ayuda de su asistente, lo cortó. Se llevaron las piernas del escenario y solo quedó el torso. Kevin bajó al público y subió una dama para que comprobara que era realmente un hombre y no un muñeco. Luego trajeron las piernas y con una grapadora, volvió a pegarlo, provocando vítores y aplausos ante un público sorprendido.

Por su parte, The Clairvoyants (Austria) hicieron uso de su conexión mental. Thommy bajaba al público y escogía una persona. Le entregaba un vaso con un dado adentro. La persona movía el vaso. Amélie impresionantemente adivinaba el número que había salido. Con sus ojos cubiertos, Amélie adivinaba cada objeto que Thommy tocaba y eligía al azar. Hasta adivinó los números de una tarjeta de crédito, la fecha de expiración, y la fecha de nacimiento de un caballero del público.  “Increíble” se escuchaba decir mientras aplaudían sin cesar.

Reynold lanzó una bola al público, que seguían tirando hasta que dijo ‘basta’. De esta forma, seleccionó a una mujer y un hombre que no se conocían. Subieron al escenario y se sentaron en una mesa de casino. Javi Rufo de España probó la conexión que existe entre los seres humanos. Logró que ambas personas coincidieran en la selección de las cartas de dos paquetes distintos y que el orden de las cartas en ambos paquetes fuera exactamente igual después de haber sido mezcladas y picadas por la pareja.

Rufo dejó a la gente sorprendida recreando un acto del famoso mago argentino René Lavand (ya fallecido), quien perdió una mano cuando joven y realizó una carrera exitosa a pesar de ello. Con una sola mano e imitando a Lavand, Javi tomó una bola blanca y una roja, y mientras hablaba de que una no podía vivir sin la otra. Sorprendentemente desaparecía una de ellas para luego hacerla aparecer. Este acto provocó que la audiencia se pusiera de pie.

El toque de humor lo pusieron Les Beaux Frères (Canadá). Realizaron el acto cómico completamente desnudos y solo unas toallas blancas los cubrían. Las movieron, las giraron, se las intercambiaron, bailaron, y al final, uno de ellos le quita la toalla al otro que opta por doblarse. Pide ayuda a la producción que le arrojó una toallita de mano. Doblado y saltando logró llegar hasta ella y retomó el final de la rutina con su compañero. Las carcajadas se oían por doquier.

Darcy Oake (Inglaterra) entró al escenario apareciendo palomas de la nada. Del aire, de una libreta donde dibujó un ave, de un encendedor, entre otras cosas. Lo hizo tan rápido que dejó a todos boquiabiertos. Apareció alrededor de seis palomas y las colocó en una jaula abierta. Luego cubrió la jaula con una manta, y todo desapareció.

Sacó una caja que tenía una botella de cristal transparente. La colocó en una caja, que a su vez colocó en otra caja, y la cerró. Fue hacia el público y seleccionó a una niña y le entregó la caja. Le pidió escogiera una carta. La niña sacó el 5 de corazones. Desapareció la carta ante sus ojos y le pidió abriera ambas cajas y sacara la botella. Sorprendentemente, la carta estaba dentro de la botella.

El ilusionista boricua Reynold Alexander realizó asombrosos actos como: traspasar con un cuchillo un espejo, romperlo y luego aparecerlo pegado; enseñarle a la audiencia el acto del pañuelo rojo donde al final sorprendió a todos convirtiendo un huevo plástico en uno de verdad, y su famoso acto titulado Origami.

En Origami, utilizó una caja vacía que enseñó a la audiencia por todos lados, colocó una paloma hecha de papel y apareció una de verdad, un jarrón de papel y apareció uno real. Entró a su asistente dentro de la caja y la convirtió en papel. Luego introdujo el papel y, en segundos, la asistente apareció. El público se puso de pie gritando y aplaudiendo ante este asombroso acto.

Esta jornada de magia irrepetible se celebró ante casa llena y bajo la producción de Toño Muñiz.

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