Miriam Mercado Maldonado: Clemente en mi corazón

EDICIÓN IMPRESA

De niña amé el baseball. Con mi papá aprendí la dinámica del juego. Muchas veces jugué con mi hermano en el patio trasero de nuestra casa en Vistamar, pero era niña y no podía jugar con los varones. En una ocasión mi papá llevó a mi hermano al Parque Hiram Bithorn a ver un juego entre los Leones de Ponce y los Cangrejeros de Santurce. El Ford Falcon de 1965 estaba a su capacidad de pasajeros. Al su lado estaba yo, la única niña, lista para disfrutar del juego. Él era fanático de Ponce y yo lo apoyaba. El resto de los acompañantes eran seguidores de los Cangrejeros, los ganadores de ese día.

 

En muchas ocasiones me quedaba en la sala para ver los juegos de Grandes Ligas. Inolvidable la Serie Mundial del año 1971donde el astro boricua Roberto Clemente fue escogido como el jugador más valioso. Allí estaba yo, con 9 años, junto al televisor blanco y negro, disfrutando de un momento que sería parte de nuestra historia.

 

Al año siguiente, en septiembre de 1972, Clemente tuvo una nueva cita con la historia: el hit 3000. Fue en el Three Rivers Stadium de Pittsburgh, ante los Mets de Nueva York, que el carolinense se convirtió en apenas el 11mo jugador en ese momento -y el primer latino- en llegar a los 3,000 imparables en las Mayores. Mi papá y yo nos gozamos ese logro frente a nuestro televisor. ¡Lo logró, lo logró! Gritaba frente al micrófono un eufórico Felo Ramírez quien narró magistralmente el momento.

 

El 31 de enero del mismo año, cerca de las 9:00 de la noche, de regreso a nuestra casa luego de visitar a un familiar en la Urbanización Villa Fontana observé unas luces en el cielo. Mi papá me dijo que era parte de los preparativos de la despedida de año. Apenas nos bajamos del carro y uno de nuestros vecinos se acercó y nos habló sobre un accidente de avión y de los rumores de que Roberto Clemente era uno de los pasajeros. La noticia era de buena tinta, nuestro vecino era empleado de Wapa TV. No hubo fiesta en nuestra calle. Fueron 12 días de trabajo arduo, la búsqueda del cuerpo de Roberto Clemente tuvo un final inesperado y muy doloroso. Su cuerpo se quedó en el mar.

 

Clemente y su grupo de trabajo decidieron dejarlo todo para llevar a Managua, Nicaragua contenedores con alimentos, ropa y medicinas, para ayudar a los damnificados del terremoto que destruyó a Managua el 23 de diciembre. Hombres de gran corazón.

 

De alguna manera la imagen de Roberto Clemente había quedado en mi corazón, como deportista y como ser humano.

 

La vida me sorprendió en el año 1975, mientras cursaba el séptimo grado en la escuela Eduardo J. Saldaña. Fui escogida para recibir el Premio Roberto Clemente Walker, distinción que se hacía a estudiantes de escuelas públicas de Carolina como reconocimiento a su liderazgo y a su labor comunitaria. Nadie pudo imaginar lo que significaría para mí recibir tal distinción. Un compromiso de vida.

 

A través de mis años de estudios, como profesional y como ciudadana he mantenido mi compromiso con mi pueblo, con Carolina, con Puerto Rico. Colaborar y dedicar tiempo a la gestión comunitaria ha sido mi prioridad. Como educadora, dar a conocer la vida del deportista y del hombre humanitario.

 

Al igual que el pasado año, el 15 de septiembre estaré junto al televisor (ahora a colores) con el recuerdo de mi papá, con mi camiseta y el número 21 celebrando con orgullo junto a los jugadores de las Grandes Ligas el Día de Roberto Clemente, un puertorriqueño para la historia.

Mantente bien informado en Puertoricoposts.com

Descarga nuestra aplicación móvil, disponible en el App Store y Google Play.

Otras Notas

Síguenos en Instagram