Quienes conviven con un perro o un gato conocen bien sus rutinas, hábitos y comportamiento. Por eso, cuando una mascota comienza a comportarse de manera diferente, ese cambio no debe pasar por alto. En muchos casos, los cambios en la conducta pueden ser una de las primeras manifestaciones de una enfermedad o de algún problema de salud que requiere atención veterinaria.
A diferencia de las personas, las mascotas no pueden expresar con palabras que sienten dolor o malestar. Su forma de comunicar que algo no anda bien suele reflejarse en cambios en su comportamiento cotidiano. Detectarlos a tiempo puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo y una condición que se complique por falta de atención.
Uno de los signos más comunes es la disminución de la actividad. Un perro que deja de jugar evita salir a caminar o permanece acostado durante gran parte del día, o un gato que ya no salta a sus lugares favoritos o pasa más tiempo escondido, podrían estar experimentando dolor, fiebre u otra condición médica.
Los cambios en los hábitos alimentarios, como el rechazo a la comida o que coma menos de lo habitual, son señales que también merecen atención. Si el rechazo a los alimentos persiste por más de un día o se acompaña de otros síntomas, es recomendable acudir al médico veterinario. En el caso del cáncer, los tumores internos pueden alterar la digestión o provocar náuseas, lo que provoca una reducción del apetito.
Otro cambio importante es el aumento de la irritabilidad o la agresividad. Una mascota normalmente tranquila que comienza a gruñir, morder o rechazar o alejarse del contacto físico podría estar reaccionando al dolor, en particular si se les toca en zonas afectadas por problemas internos, como tumores. Enfermedades articulares, lesiones, problemas dentales o trastornos neurológicos pueden provocar este tipo de conducta.
La ansiedad o la inquietud también pueden ser señales de alerta. Caminar de un lado a otro sin descanso, jadear excesivamente cuando no hace calor, vocalizar más de lo habitual o no encontrar una posición cómoda para descansar pueden estar relacionados con dolor, molestias abdominales o enfermedades sistémicas.
Cambios en los hábitos diarios
Las alteraciones en los hábitos de consumo de agua o en la frecuencia con la que orinan son igualmente importantes. Beber mucha más agua de lo normal o presentar accidentes dentro del hogar en una mascota previamente entrenada puede asociarse con enfermedades renales, diabetes, infecciones urinarias o alteraciones hormonales.
En los gatos, dejar de utilizar la caja de arena no siempre responde a un problema de comportamiento. En muchas ocasiones, puede ser consecuencia de dolor al orinar, inflamación del tracto urinario o estreñimiento. En los machos, una obstrucción urinaria constituye una emergencia veterinaria que requiere atención inmediata.
Asimismo, el exceso de lamido en una zona específica del cuerpo, rascarse constantemente o morderse las patas puede indicar dolor, alergias, problemas en la piel o incluso molestias musculoesqueléticas.
Es importante observar no solo el cambio en la conducta, sino también su duración e intensidad. Si el comportamiento anormal persiste por más de 24 horas, aparece de forma repentina o se acompaña de vómitos, diarrea, dificultad para respirar, fiebre, pérdida de equilibrio, convulsiones, debilidad marcada o cualquier otra manifestación física, la mascota debe ser evaluada por un médico veterinario lo antes posible.
También es recomendable consultar al médico veterinario cuando la mascota presente un comportamiento fuera de lo habitual, aunque el cambio parezca menor. Los dueños son quienes mejor conocen a sus mascotas y, en muchas ocasiones, su percepción de que “algo no está bien” resulta ser correcta.
El seguimiento diario de los hábitos de alimentación, sueño, actividad, interacción y eliminación permite identificar cambios tempranos que podrían pasar inadvertidos en una consulta ocasional. Mantener visitas veterinarias periódicas, una alimentación balanceada, ejercicio adecuado y medidas preventivas como vacunación y control de parásitos contribuye a preservar la salud y el bienestar de perros y gatos.
Los cambios de comportamiento no deben atribuirse automáticamente a la edad, al carácter o a la “terquedad” de la mascota. Con frecuencia, detrás de una conducta inusual existe una causa médica que puede tratarse si se detecta a tiempo.
Para más información, puedes comunicarte con el Colegio de Médicos Veterinarios de Puerto Rico al 787-520-0237 o visitar su página en Facebook: www.facebook.com/CMVPR.














