Silva, quien además se desempeña como profesora en la Escuela Central de Artes Visuales, reúne en esta exposición un trabajo de color, identidad y memoria. Sus lienzos nacen de una conexión profunda con la tierra que la formó: los paisajes cercanos, los rostros del pueblo, la fuerza de la historia y el ritmo de la vida caribeña se convierten en protagonistas de una obra que habla desde la emoción y la pertenencia.
En SILVA: Relatos de mi isla, la artista no solo representa paisajes: los interpreta, los escucha y los transforma en lenguaje visual. Cada pintura parece surgir de una conversación íntima con Puerto Rico, como si los colores de la tierra, la memoria colectiva y la energía de su gente encontraran en el pincel una forma de decir aquello que las palabras no alcanzan. La obra se convierte así en una traducción sensible de lo que se vive, se recuerda y se siente.
La exposición destaca por su capacidad para revelar la grandeza escondida en las escenas diarias: una calle iluminada, un rostro familiar, una textura del paisaje, un color que evoca infancia, raíz o nostalgia. En ese encuentro entre arte y memoria, Silva propone una mirada amorosa hacia la isla, una invitación a reconocer la belleza que nos rodea y a valorar la identidad cultural como fuente de inspiración y resistencia.














