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Como parte de los reconocimientos que se otorgan en ocasión de su octogésima séptima colación de grados, la Universidad del Sagrado Corazón conferirá el doctorado honoris causa en Humanidades a Sila María Calderón Serra y otorgará la Medalla Rosa Filipina Duchesne al chef y líder comunitario Iván Clemente.
La ceremonia de graduación se celebrará el martes, 9 de junio de 2026, en el Coca-Cola Music Hall, mientras que la entrega de la Medalla Rosa Filipina Duchesne tendrá lugar durante la misa de graduación el sábado, 6 de junio de 2026, en la Capilla Mayor en Sagrado.
El presidente de la Universidad del Sagrado Corazón, Gilberto J. Marxuach Torrós, destacó que ambos reconocimientos honran trayectorias de servicio y conciencia social que impulsan la construcción de una sociedad más justa, solidaria y de paz, valores fundamentales que comparten ambos homenajeados con la misión de la Universidad.
“Con estos reconocimientos la Universidad del Sagrado Corazón honra a dos seres humanos extraordinarios que han emprendido grandes proyectos para construir la sociedad puertorriqueña más auténticamente cristiana a la que aspira nuestra misión, una comunidad solidaria en la justicia y la paz. Sila María Calderón Serra y el chef Iván Clemente han dedicado sus vidas al servicio de los demás. Movidos por una profunda sensibilidad humana, han convocado personas y recursos para levantar obras que han transformado las vidas de miles de personas. Su tenacidad y valentía les han llevado a desafiar esquemas y paradigmas para abrir paso a nuevos caminos de justicia. Sus vidas y sus obras constituyen un poderoso referente para nuestros graduandos y graduandas de lo que significa ejercer un liderazgo con propósito y solidaridad”, expresó Marxuach Torrós.
Doctorado Honoris Causa en Humanidades: Sila María Calderón Serra
La Universidad del Sagrado Corazón otorgará el grado de doctorado honoris causa en Humanidades a Sila María Calderón Serra, en reconocimiento a una hija del Sagrado Corazón que dedicó su vida al servicio y la solidaridad. Ella es ejemplo vivo de una persona formada en el Sagrado Corazón que se ha dedicado a la construcción de una sociedad puertorriqueña más auténticamente cristiana, una sociedad de comunidades solidarias en la justicia y la paz.
Egresada del Colegio del Sagrado Corazón en Santurce y de Manhattanville College, universidad en Nueva York fundada por las Religiosas del Sagrado Corazón, su trayectoria demuestra que la fe se vive en acción, que la justicia es inseparable de la compasión, que la disciplina y la organización son determinantes para actuar, y que el privilegio conlleva responsabilidad. Ser hija del Sagrado Corazón es, ante todo, una forma de estar en el mundo. Es mirar con empatía la realidad de los demás, actuar con valentía ante el sufrimiento y la desigualdad, desafiar con tenacidad los paradigmas que limitan posibilidades de vida, y comprometer todo con la defensa de la dignidad humana. En la señora Calderón esos valores se hicieron vocación y misión de vida.
Su trayectoria en el servicio público se distinguió por actuar con integridad y un profundo sentido de responsabilidad. Su vocación de servicio tomó un giro decisivo tras el huracán Hugo en 1989, cuando llegó a la comunidad de la Península de Cantera, guiada por la obra de una religiosa del Sagrado Corazón, la hermana Isabel Pérez Calderón. Ese encuentro con una realidad de profunda desigualdad dio paso a un modelo de transformación comunitaria centrado en el respeto, la organización y el empoderamiento.
En Cantera, más que reconstrucción física, impulsó un enfoque de desarrollo integral basado en la dignidad de sus residentes. Allí dio paso una vida consagrada al servicio comunitario y germinó la semilla del empoderamiento de las comunidades basado en el respeto, el acompañamiento y la convicción de que cada persona merece condiciones dignas para desarrollarse plenamente.
Desde esa experiencia, su misión de transformación comunitaria se amplió primero en la alcaldía de San Juan y luego como la primera gobernadora de Puerto Rico, al impulsar el proyecto de Comunidades Especiales, para empoderar a cientos de comunidades marginadas alrededor de la isla y potenciar el liderato comunitario como motor de transformación social. Hoy, continúa esa labor a través del Centro para Puerto Rico, promoviendo el empoderamiento de hombres y mujeres, el desarrollo de miles empresas como vehículos para salir de la pobreza y la marginación, y el apoyo a personas y poblaciones en desventaja.
Con esta distinción, la Universidad reconoce su fidelidad a los valores que esta institución promueve: la justicia, la paz, la solidaridad y el servicio.
Medalla Rosa Filipina Duchesne: Chef Iván Clemente
Mientras, la Medalla Rosa Filipina Duchesne será otorgada al chef Iván Clemente, fundador de El Comedor de la Kennedy, en reconocimiento a su ejemplar trayectoria y a su firme compromiso con los valores que guían a nuestra comunidad universitaria.
Esta distinción honra a quienes, como santa Rosa Filipina Duchesne, trascendieron fronteras mediante el servicio, inspirando a otros con su capacidad de impactar vidas y promover acciones solidarias.
Durante los pasados 45 años, el chef Clemente ha encarnado estos valores al llevar un mensaje de esperanza, vida y paz a comunidades vulnerables alrededor del mundo. Su vocación lo llevó a más de 110 países como conferenciante internacional en contra de la desigualdad social y promotor de iniciativas benéficas. A su regreso a Puerto Rico, identificó la realidad de la inseguridad alimentaria que afectaba a miles de familias, lo que dio paso a una de las obras comunitarias más significativas del país: El Comedor de la Kennedy.
Desde el 2009, esta iniciativa ha brindado alimentos y apoyo comunitario de manera gratuita a miles de personas, incluyendo niños, adultos mayores, jóvenes universitarios y otros sectores vulnerables. Bajo su liderazgo, el proyecto se ha consolidado como un símbolo de esperanza para quienes enfrentan el hambre y la inseguridad alimentaria.
La vida y obra del chef Iván Clemente son testimonio de empatía, perseverancia y amor al prójimo. Su misión reafirma que alimentar es mucho más que proveer sustento: es dignificar, acompañar y transformar vidas.













