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[OPINIÓN] ¿Cómo ayudar en el hogar a los niños con rezago en la lectura?

Por Nellie Torres de Carella, patóloga del habla y lenguaje
Directora, Instituto Fonemi de Puerto Rico

 

Recientemente compartimos con el país nuestra propuesta para lidiar con el rezago escolar evidenciado en las pruebas de aprovechamiento, específicamente en el área de lectura. En la misma hicimos unas recomendaciones concretas al Departamento de Educación, basadas en nuestro currículo, el cual hemos utilizado por más de 10 años con niños de educación especial con problemas de lectura y escritura.

 

No obstante, sin ánimo de ofender ni ser pesimista, los padres que se aferren al Departamento de Educación (DE) como el salvavidas para que sus hijos salgan a flote y venzan el rezago escolar, mal les irá. Será como vivir una ilusión y sufrir un gran desengaño.

 

Aunque nuestro sistema educativo tiene el deber constitucional de educar a nuestros niños, eso no quita que a la larga la responsabilidad es de los padres.

 

Lo peor que puede pasar es que ninguna de las partes, ni el DE ni los padres, hagan nada y sentencien a esos estudiantes a un futuro sombrío, sin ninguna esperanza. Es, por lo tanto, urgente que en los hogares se asuma la responsabilidad y se trabaje con estos estudiantes. No es necesario un grado universitario en Pedagogía (de parte de los padres) para implementar una serie de recomendaciones básicas que, de seguro, ayudarán a los niños de educación regular a mejorar sus destrezas de lectura. Especificamos de educación regular porque los niños de educación especial, aunque también se beneficiarían, requerirán ayuda de especialistas en esta destreza.

 

A continuación enumeramos algunas:

 

1. Sea consistente. Debe separar entre 30-45 minutos diarios, de lunes a viernes, para trabajar con su hijo con el desarrollo de la lectura. Como con toda destreza a desarrollarse, la consistencia es esencial para el éxito.
2. Cree una rutina diaria a la misma hora, en un lugar libre de estímulos y sin interrupciones. Esto redundará en un mejor enfoque de parte del niño.
3. Si su hijo aún confunde letras, trabaje con una o dos letras a la semana, o hasta que las domine, en vez de con todas las letras. Aunque se trabaje con el reconocimiento del nombre de la letra y su sonido (para la letra m el nombre es eme y el sonido es mmm), debe darle más énfasis a los sonidos de las letras para que luego pueda unirlos y leer sílabas y palabras.
4. Trabaje similar a la cartilla fonética, desde letras a sílabas y palabras simples, con las letras que logra leer, hasta que logre leerlas a primera vista, sin titubeos. Elogie logros, aunque sean pequeños.
5. Trabaje con palabras que riman, además de identificar el sonido inicial y final de las palabras que escucha. Esas tareas de conciencia fonológica, entre otras, son esenciales para el dominio de la lectura.
6. Si su niño reconoce las letras, pero lee lento, sílaba por sílaba, enfóquese en la fluidez lectora, en que pueda leer a primera vista.
7. La práctica hace la perfección y, para el desarrollo de la lectura, es clave. En este caso el énfasis debe ser que su hijo lea todos los días en voz alta. Preséntele material de lectura simple, en lo posible que sea del interés del niño. Haga un balance entre la corrección y los refuerzos, corrija errores, pero también señálele y elogie cuando su ejecución sea mejor a la del día anterior, aunque aún no sea adecuada.
8. Léale en voz alta diariamente alguna historia que sea de interés del niño. El amor por la lectura lo impulsará a querer dominarla.
9. Disminuya la exposición a la tecnología. Varias horas diarias con juegos electrónicos o viendo vídeos, harán poco probable que desarrolle interés por aprender a leer, lo cual hará también más complicada la tarea de enseñarle a leer.
10. Regálele libros de temas de su interés. Léanlos alternando, mamá o papá leen un párrafo, o página, y el niño leerá el siguiente. Esta generación de niños tiene demasiados juguetes; papá y mamá deben invertir más en libros.

 

Hay responsabilidades inherentes a todo quehacer humano. Tener hijos conlleva una serie de responsabilidades que no podemos eludir ni justificarnos culpando a otros, si las metas no se logran, aunque estuvo en nuestras manos hacer una diferencia. Nuestros niños necesitan más tiempo y atención en el hogar. Los problemas con la lectura, así como en otras destrezas educativas, son una evidencia de que muchos padres y madres han claudicado a una responsabilidad sagrada. Es tiempo de salvar a esta futura generación, empezando en el hogar.

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